La
expresión, según algunos historiadores, nació en las conversaciones de los
negros esclavos en Cuba en sus horas de descanso, y por su emotividad saltó
hacia el habla popular isleña. Pero la
referencia más antigua y más clara data de 1928. En ese año el compositor
Ignacio Piñeiro escribió un son titulado “Échale Salsita” Si bien la palabra
salsita, aludía más al delicioso condimento de las butifarras fue ésa la
primera canción que la usó al referirse a la alegría.
Por
eso salsa fue, a partir de ese momento sinónimo de sazón para todo, no sólo
para la comida, sino para la vida misma.
Cuando
una fiesta contaba con varios músicos invitados, se decía que tenia Salsa.
Cuando una fiesta se prolongaba hasta el amanecer o continuaba sin parar, se
decía que tenía salsa, que tenía el condimento necesario.
La
expresión continuó durante muchos años en Cuba percibiéndose como condimento.
Los músicos, poco a poco, la incorporaron a su léxico cotidiano.
Para
ellos, salsa era energía y vitalidad, entrega y fuerza rítmica. El propio Benny
Moré rugía de vez en cuando “Salsa” en medio de sus canciones, cuando toda su
Banda Gigante sonaba al tiempo. Sin embargo, en Cuba ahí se quedó. Una
expresión más, una palabra más. Nada especial en ella, salvo su particular uso
entre el gremio de músicos.
En
Nueva York, en cambio, ocurrió todo lo contrario. La palabra caló de inmediato
en el Spanish Harlem, al este de la Quinta Avenida. Allí, donde funcionaba el
enclave puertorriqueño y donde se encontraba muy cerca del epicentro del jazz,
la salsa se convirtió en el término ideal para definir las fiestas de los
ritmos latinos. Salsa le cayó como anillo al dedo al norteamericano, a
quien le sonó a soul y souce.
Y
gustó a todos los grupos caribeños, porque cada vez que alguien invitaba a una
fiesta, los dominicanos hablaban de guateque, los puertorriqueños de parranda,
los colombianos de rumba, los cubanos de bembé, los venezolanos de jarana, y
otras colonias de goce, bonche, baile, bailongo, tumbao, pachanga y rumbón.
Ahora hablaban de Salsa.
La
palabra salsa para designar la música hecha por los «latinos» en Estados
Unidos, comenzó a usarse en las calles de Nueva York a finales de los años
sesenta y principios de los setenta. Por esta época, el pop latino no era una
fuerza importante en la música que se escuchaba en Estados Unidos al perder
terreno frente al doo wop, al R&B y al rock and roll. El surgimiento de la
salsa abre un nuevo capítulo de la música latina en la música popular
estadounidense donde jugó un papel de primer orden la orquesta Fania All-Stars,
dirigida por el dominicano Johnny Pacheco quien ―junto al desaparecido abogado
Jerry Masucci― fundaron el importante sello salsero Fania Records.

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