Después del
derrumbamiento del monopolio Fania, de Jerry Massucci y Jhonny Pacheco, que llevó la salsa al mundo en la década de
los años 70 y que impuso un sonido que ha sido calificado, de manera
generalizante e impreciso, por algunos estudiosos de la salsa como el sonido de
Nueva York, vino en los años 80 un nuevo sonido y estilo de tocar y de escribir
la salsa, asociado con el glamour y la canción romántica y sexual, que
representó para muchos el comienzo de su crisis a nivel artístico.
Esta nueva etapa de la salsa que aparece en
los años 80 bajo la inspiración del talentoso Louie Ramírez con la voz de Ray
de la Paz, precisamente productor del Sello Fania, se esperaba fuese
una crítica renovadora a la tendencia monopólica del sonido anterior, tan
ponderado porque era el mismo para todos los músicos del sello y distaba mucho
de la variedad deslumbrante de sonidos de la Salsa de Nueva York, que le antecedió,
tales como : Joe Cuba, Joe Pastrana, TNT, The New Sextet Swing, Richie Ray,
Willie Colon, Joe Batán, La Perfecta de
Eddie Palmieri, La Moderna de Ray Barreto, La Flamboyán de FranKy Dante, Los
Hermanos Lebrón, Pete Rodríguez, etc. Pero la crítica al sonido Fania no fue
para ver florecer una gama reconfortante de nuevos estilos y sonidos, y se
planteó como una crítica a la música fuerte y recia del pasado. La nueva etapa
de la salsa, inauguraba un estilo delicado para ella, que la sacaba de las entrañas
del barrio y la llevaba a los salones perfumados de una juventud conquistada
por la formas de representación del establecimiento. En él imperaban las
maneras frívolas, artificiosas y ajustadas a modelos creados por el marketing,
que agitaban nuevos valores sustitutos del realmente importante, tales como: el
glamour, estar a la moda y la belleza física. Las voces dejaron de ser
enérgicas, soneras, desesperadas, cadenciosas, soberbias y se tornaron
andróginas y delicadas, parecidas a las voces de niños, y adquirió una
importancia mayúscula la apariencia física de los cantantes. Los trombones
desgarrados con sabor a jazz, introducidos por Barry Roger y Willie Colon al
sonido de la salsa de Nueva York, se transformaron en elegantes, afinados y
glamorosos personajes musicales de un nuevo sonido. La fuerza de la percusión
pasó a un segundo plano, para ser ocupada su posición por la discreción
armoniosa y sonora de las maracas y fue prácticamente eliminada la exhuberancia
de los solos de cualquiera de los instrumentos de la orquesta. La salsa afanada por ingresar a nuevos
públicos, especialmente a los consumidores de Baladas y de Música Pop, buscó los espacios sonoros y
temáticos de estos géneros y debe reconocerse logró en su propósito acercarse a
una nueva población que el anterior sonido no había podido conquistar, como fue
la población infantil y la nueva generación de jóvenes adolescentes. Debe
decirse también que a esta salsa le tocó que enfrentar la arremetida comercial
del merengue y mantener la supervivencia y el crecimiento de movimiento musical
salsero durante un buen período.
Como Proyecto
Artístico este nuevo estilo de la salsa que todavía se escucha hoy y que tuvo
su máxima expresión en el sonido de las orquestas salseras de Puerto Rico que
incursionaron en él, mucho más que en las orquestas radicadas en Nueva York,
reporta pocos dividendos creativos y
está por encontrarse las obras que pudieran calificarse como maestras y
perdurables. Tal vez la canción más importante de este estilo del salsa, fue
Devórame Otra Vez que interpretó Ubaldo Lalo Rodríguez, una voz de transición
entre la llamada salsa dura y la balada salsa y que tuvo ventas alegres.
La representación
paradigmática del nuevo estilo salsero y donde confluyen los mayores atributos
de la aspiración comercial que pretendía esta salsa la encarna Jerry Rivera y
su sonido boricua. Su propuesta contiene todos los elementos: voz andrógina,
belleza física, temática de balada al alcance infantil y adolescente de época,
música delicada y muy bien interpretada, precisa en su ejecución, videos
apropiados para empujarla en los mercados, para configurar un producto de época
semejante a los equivalentes en el Pop. Muy pocos alcanzaron este nivel tan
alto, ni siquiera Rey Ruiz con quien Jerry Rivera disputó preferencias físicas,
tal vez el principal talón de Aquiles de un estilo que quería encontrarse con
cantantes bellos y de modales refinados y que nunca encontró.
El proyecto de
Jerry Rivera terminó a nivel musical tan confundido con los baladistas, que fue
devorado por la ambigüedad de no saber a cual de los dos géneros pertenecía: a
la salsa o a la balada, y buscando más seguidores en el mercado de la Música
Pop cambió sus réditos salseros por este género y hasta allí llegó su
ascendente carrera. El retiro de la Salsa del icono de la Balada Salsa, cuando
su carrera parecía ir en ascenso, para buscar mejores oportunidades en otra
música, puso al desnudo las fragilidades comerciales y artísticas de un
Proyecto comercial y artístico que se fue edificando sobre el modelo conceptual
de otro. Esto marca el cierre vital del nuevo estilo luego de diluirse
definitivamente en su crisis de identidad y de monotonía en cuanto a música y
en las limitaciones de sus aspiraciones comerciales.





